«¡Es hora de ir a dormir!», dijo la mamá.

«¡No! —dijo el niño, sentado en su cochecito—. Aún es de día.»
«Porque estamos en verano», dijo la mamá.
Un rato después…
«¡A dormir!», dijo la mamá.
«¡NO! —dijo el niño conduciendo su cochecito—. No voy a acostarme en toda la noche.»
«¡Pues claro que lo harás!», respondió la mamá.
Pero el niño aceleró… bruuum bruuum… y se fue en su coche lo más rápido que pudo y su mamá no pudo alcanzarlo.

nino2

No había llegado muy lejos, cuando se encontró con un tigre.
«¿Jugamos a rugir?», le preguntó el niño.
Pero el tigre estaba demasiado cansado.

nino3

«La noche no es para rugir, es para roncar —bostezó el tigre—. Vuelve mañana por la mañana, entonces jugaré contigo.»
Y el niño se fue… bruuum bruuum… hasta que se encontró con un grupo de soldados.
«Yo también quiero desfilar», dijo el niño.
Pero los soldados tenían demasiado sueño.

nino4

«La noche es para soñar, no para desfilar —dijo el capitán—. Nosotros volvemos a nuestro castillo y tú también deberías volver.»
Pero el niño no quería volver. Se alejó en su coche… bruuum bruuum… tan de prisa como pudo.
Después se cruzó con un pequeño tren.
«¿Hacemos una carrera a ver quién llega antes a la estación?», dijo el niño.
Pero el tren estaba demasiado cansado.

nino5

«La noche es para descansar, no para correr —dijo el tren—. Me voy al depósito y tú también deberías irte.»
Pero el niño siguió corriendo y haciendo mucho ruido por la carretera… bruuum bruuum… hasta que se encontró con unos músicos.

nino6nino7

«Hagamos una fiesta y bailemos toda la noche», dijo el niño.
Pero los músicos estaban demasiado fatigados.
«Estamos cansadísimos —dijeron—. Mejor nos echas una mano para volver a casa, y mientras te tocaremos una nana.»
Los músicos tocaron una canción tan dulce, que el sol se quedó dormido y la luna apareció.

nino8

El cochecito fue más despacio… más despacio… más despacio…
…y pronto los músicos se quedaron dormidos… y luego el cochecito se detuvo…
Él también se había dormido.
El niño fue a ver a la luna.

nino9

«¿No podemos hacer una fiesta de medianoche?», imploró.
«Es hora de irse a la cama», susurró la luna con voz soñolienta. E incluso la luna cerró los ojos y se durmió.
Ahora el niño tenía que empujar el coche en la oscuridad.
Era muy pesado.
Pronto estaba tan cansado, que no podía dar un paso más, y entonces se detuvo. Estaba solo con el mundo dormido a su alrededor.
Pero había alguien más que no dormía. Alguien que estaba buscando al niño…
Alguien que se acercaba… se acercaba… se acercaba cada vez más.
Alguien que tenía muchísimo sueño, pero que no podía acostarse hasta que el niño no estuviera dormido.

nino10

Era su mamá, y el niño se echó en sus brazos.
Entonces la mamá levantó al niño y empujó el cochecito. (Era una mamá muy fuerte.)
Y así los llevó a los dos todo el camino de regreso.
«¿Es hora de ir a dormir?», preguntó el niño medio dormido.
«No —murmuró la mamá—. ¡Dijiste que ibas a quedarte despierto toda la noche!»
«Aaaaaaa», bostezó el niño.
«Está bien…», dijo la mamá.
«Buenas noches.»

nino11

Helen Cooper
El niño que no quería ir a dormir
Barcelona, editorial Juventud, 1999

Anuncios