Varias emociones que hacen de nuestra existencia un lugar menos agradable.

La correcta gestión de las emociones está íntimamente ligada a nuestra felicidad, porque éstas influyen en nuestro pensamiento, nuestra conducta y, evidentemente, en nuestra salud mental.

La gestión de las emociones y la Inteligencia Emocional

En las últimas décadas, el concepto de Inteligencia Emocional (IE) se ha hecho muy popular en el ámbito de la psicología, pues su uso se hace cada vez más necesario para poder mejorar el bienestar y la calidad de vida de las personas. La educación en inteligencia emocional es una de las claves para preparar a personas mentalmente fuertes que puedan afrontar las distintas situaciones difíciles o retos que la vida les presenta.

Las personas emocionalmente fuertes tienen una gran capacidad de autoconocimiento, detectan las emociones que están sintiendo y las regulan en función del contexto en el que se encuentran. 

Tipos de emociones: positivas y tóxicas

Existen distintos tipos de emociones y, por tanto, reconocerlas es clave para que podamos regular nuestro comportamiento. Tomar consciencia de nuestras emociones es el primer paso para mejorar nuestro bienestar, pero también es necesario para interactuar con otras personas de forma efectiva.

Las emociones positivas, que también son conocidas como saludables, afectan positivamente al bienestar de la personas y son agradables cuando uno las siente. En cambio, las emociones negativas, también conocidas como tóxicas, afectan negativamente a la persona que las siente y son desagradables, por eso tendemos a evitarlas.

Las emociones tóxicas

  1. Apego dependiente

El apego es el vínculo emocional que construimos con otras personas. Se desarrolla en la infancia, ya con los primeros contactos con la madre. Aunque el apego de por sí no es ni bueno ni malo, existen distintos tipos de apego. El apego dependiente nos causa mucho sufrimiento y no nos deja ser felices. Es un tipo de apego inseguro, en el que la persona tiene una baja autoestima y se deja manipular fácilmente.

  1. Miedo

El miedo es una emoción que se considera negativa pero que realmente es adaptativa y útil. El problema surge cuando el miedo se apodera de nuestra vida, y la baja autoestima y la falta de confianza hacen que le tengamos miedo a todo. El miedo hay que afrontarlo y superarlo porque, de lo contrario, es altamente incapacitante.

  1. Desesperación

Mientras que la paciencia es una de las mejores virtudes que puede poseer el ser humano, la desesperación es todo lo contrario. Más aún cuando domina nuestra vida y no nos deja ser felices. Se basa en buena parte en la rumiación, es decir, una tendencia a pensar todo el rato en aquello que peor nos hace sentir sin poder imaginar o llevar a cabo formas de darle solución al problema.

  1. Celos

Los celos son unas de las peores emociones que podemos sentir, porque no solamente le hacen daño a otra persona, sino que nos lo hacen a nosotros mismos. Los celos nos convierten en personas infelices y nos hacen pasar muy malos ratos al hacer que siempre estemos pensando en ideas que minan nuestra autoestima y que nos hacen adoptar una actitud hostil.

  1. Rencor

El rencor es una de esas emociones que no nos dejan avanzar, especialmente porque se acumula y se queda estancado dentro de nosotros buscando expresarse de alguna manera, generalmente en forma de ira.

  1. Sensación de fracaso

Cuando tenemos expectativas poco realistas o muy altas, podemos caer en el error de sentirnos fracasados constantemente. Es normal que nos sintamos un poco desmotivados, al principio, cuando no conseguimos lo que queremos o cuando las cosas no salen como habíamos planteado. Sin embargo, hay que ver el lado bueno de las cosas, y estos hechos que al principio pueden parecernos negativos, pueden ser oportunidades perfectas para crecer.

  1. Orgullo

Aunque creamos que ser orgullosos nos hace fuertes de cara a los demás, en realidad puede ser un obstáculo para nuestro bienestar y nuestras relaciones interpersonales. Hace que nos ofendamos fácilmente o que nos enfademos por nada. Así que hay que evitar este tipo de comportamiento.

  1. Envidia

No hay nada bueno que decir de la envidia, porque esta emoción nos atrapa y nos convierte en personas miserables. Nos hace estar pendientes de los demás cuando la auténtica felicidad se encuentra en uno mismo. La envidia perjudica seriamente nuestro bienestar y nuestras relaciones interpersonales.

  1. Vergüenza

La vergüenza es una de esas emociones incapacitantes y paralizantes, que no nos dejan ser nosotros mismos ni desarrollarnos como deberíamos. De hecho, ésta es una de las emociones tóxicas más frecuentes y causa gran sufrimiento. Hay que armarse de valor y no dejar que la vergüenza se apodere de nosotros mismos.

  1. Ira

La ira es una de las emociones que debemos controlar con mucha atención, porque cuando convivimos con otros individuos, no podemos dar rienda suelta a este impulso. La ira perjudica seriamente las relaciones interpersonales y es caldo de cultivo para los conflictos. 

  1. Angustia

La angustia es una emoción bastante corriente que hay que evitar a toda costa porque nos hace vivir en continuo malestar. Esta emoción puede hacer que tomemos decisiones equivocadas y afecta nuestro comportamiento de forma negativa.

  1. Insatisfacción

La insatisfacción también nos hace tremendamente infelices, porque se manifiesta de manera que la realidad que vivimos nunca cumple nuestras expectativas. Da igual lo bien que nos vaya y lo que hayamos logrado en nuestra vida, nada es suficiente. Una de las causas de la insatisfacción es el perfeccionismo.

  1. Victimismo y llanto constante

El victimismo es una emoción tóxica que denota inseguridad. La persona se siente siempre víctima de todo lo que ocurre y no toma las riendas de la situación, ni hace nada para salir de ésta.

  1. Culpa tóxica

Todos podemos sentirnos culpables en algún momento de nuestra vida, pero hemos de aprender a perdonarnos si no podemos hacer nada para remediarlo.

Viendo los tipos de emociones tóxicas en perspectiva

La aparición o no de los tipos de emociones tóxicas depende en buena manera de la educación emocional con la que contamos para evitar que el malestar se cronifique.

La educación emocional es importante porque nos enseña a tratar con estas emociones y aceptarlas.

Teniendo en cuenta eso, entrenarnos en reconocer las emociones tóxicas será clave para mejorar en calidad de vida.

Juan Armando Corbin

(adaptado)

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