En el cielo, redonda,
la luna llena:
los niños daban saltos
¡querían cogerla!

A la luna, la luna,
¡quién la tuviera!

La noche era un racimo
de luz y de estrellas,
una lluvia de besos
sobre la tierra.

Se empinaban los niños
y en la azucena de sus manos
la luna se hizo pequeña.
Por haber sido buenos
la luna y las estrellas
están con ellos.

Juegan y cantan juntos
su rueda-rueda
hasta que rinde el sueño
tanta inocencia.

A la luna, la luna,
¡qué feliz cada niño
duerme en su cuna!

Vicente Mojica

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