Ven,
sal,
no vale la pena llorar.
Piensa en ti,
no vale la pena sufrir.

Mientras los anuncios prêt-a-porter
le dejan mirando cara a la pared,
ella con la hebilla
del cinturón
aprieta la talla
del corazón.

Como los espejos
la gritan gorda
se esconde en el hueco
delgado de su sombra.

Como los espejos
le dan de lado,
vacía a escondidas
el fondo del lavabo.

Baja la mirada
y ocupa sin más
el último asiento
del autobús.

Sal del agujero
donde te metes
que yo a ti te quiero
como tu eres.

Papa Levante

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