El pato Miri

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El pato Miri: Versión pdf 

  1. Mi primer día de vida

Siempre he oído hablar a mis padres que somos una familia afortunada. Porque nosotros no somos salvajes, aunque tampoco somos domésticos. Lo que quiero decir es que no vivimos libres en las grandes lagunas ni estamos sometidos a los peligrosos deseos de un granjero. Nosotros somos de «zoo». Sí, sí, nosotros somos una de esas familias de patos que pasean alegremente por las variadas zonas del zoológico.

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El racimo de uvas

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En una aldea remota de la India, donde casi no se conocen las frutas, un niño hizo un recado a una señora. Ésta, en concepto de pago, le obsequió con un hermoso racimo de uvas.
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El gato más feo del mundo

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La primera vez que vi a Smoky ¡estaba en llamas! Mis tres hijos y yo llegamos al basurero en las afueras de nuestro pueblo, en el desierto de Arizona, para quemar la basura de la semana, cuando al acercarnos al hoyo que ardía en rescoldos, escuchamos los gritos desgarradores de un gato sepultado entre la basura humeante.
De pronto, una caja de cartón grande, cerrada conalambre, estalló en llamas y explotó. Con un largo y penetrante maullido, el animal ahí aprisionado salió proyectado en el aire como un cohete llameante y cayó dentro del cráter lleno de cenizas.
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Mis colores, mi mundo – slideshare

 

A veces, en el desierto donde vivo, el viento sopla muy, muy fuerte.

La arena del desierto lo cubre todo. Todo parece del mismo color…

Abro bien los ojos para encontrar los COLORES de mi mundo.

De todos estos colores, el color que más me gusta es el rosa. Es el color de la puesta del sol. Llevo puesto el color rosa por la mañana. Lo llevo puesto por la tarde.

Lo llevo puesto toditos los días. (…)

La mejor Navidad – slideshare

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Éste y otros cuentos AQUÍ

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Había sido un año difícil para el papá de Osito. Su negocio había ido mal y no encontraba otro trabajo. Quedaba el dinero justo para comprar comida.
Faltaba poco para Navidad y todos esperaban regalos…
¿Qué iban a hacer?

Mamá Osa contó el dinero y le dijo a Papá Oso:
—Tenemos que ahorrar esto para el invierno. Este año no podremos comprarles regalos a los niños.

Unos días antes de Navidad, Mamá Osa preparó los adornos navideños con ropa vieja que a Osito ya le estaba pequeña.

La hermana y el hermano de Osito, mayores que él, decoraron las ventanas con la esperanza de llamar la atención de Papá Noel.

Aquella tarde, Papá Oso se puso el sombrero y salió a recoger algunas ramas para hacer el árbol de Navidad de la familia. (…)

Una noche muy fria – slideshare

Éste y otros AQUÍ

Un viento muy frío despertó a Pequeño Erizo de su largo sueño de invierno. Era un viento tan fuerte, que la manta de hojas con que se tapaba echó a volar y el pobre erizo tembló de frío en la nieve y ya no se pudo dormir.

De repente vio que algo caía del cielo…

¡¡¡CATRAPÚM!!!

Un paquete con su nombre escrito en una tarjeta.

Para Pequeño Erizo, con cariño, de Papá Noel.

Pequeño Erizo lo abrió corriendo y se encontró con un gorro de lana rojo… ¡de talla de un erizo!

Se lo puso rápidamente ajustándolo por detrás, por delante, hacia la izquierda, luego a la derecha…

Pero, por mucho que lo intentaba, sus púas volvían a ponerse de punta todo el rato.

El gorro se había agrandado ya tanto que sobraba en la cabeza de un pequeño erizo como él.

Se lo quitó, lo miró una y otra vez y, de pronto, se le ocurrió una idea…

Dobló con cuidado el gorro, ató el paquete con la cinta, recortó un poco la tarjeta y escribió algo nuevo.

Luego, corrió hasta la casa del conejo. Al ver que no estaba, dejó el paquete en el escalón de la puerta y se marchó.

Pero (…)

 

El tren de Navidad – slideshare

Hace muchos años, en esta casita de ferroviarios vivía el guardavía Basilio con Malina, su hija pequeña.

Su trabajo era vigilar los tramos más peligrosos de la vía, que iba entre unas montañas altísimas y atravesaba muchos túneles.

También la tarde de Nochebuena salió Basilio a inspeccionar la vía. Malina estaba colgando en el árbol de Navidad unas estrellas que acababa de recortar. Era feliz pensando en el regalo que su padre le había prometido.

De repente oyó un estruendo espantoso. Belo, su perro, empezó a ladrar y a arañar la puerta con las pezuñas.

—¡Eso sólo puede ser un desprendimiento! ¡Eso son rocas que caen! —gritó Malina, y echó a correr muerta de miedo.